La milanesa napolitana es una de las invenciones más queridas de la cocina argentina y también una de las peor entendidas: no se trata de tapar una milanesa con salsa y queso, sino de construir capas que se acompañen. Con la base mal condimentada o la salsa aguada, queda pesada y sin dirección.
El secreto: una buena milanesa de base, salsa espesa y condimentada, y el orégano que conecta el tomate con el queso fundido. Ajo en Polvo y Pimienta Negra Molida le dan fondo y tensión para que tenga identidad propia.
La napolitana es 100% argentina, sin antecedente en Nápoles. La versión más difundida la ubica en el restaurante Nápoli de Buenos Aires en los años 40, donde un cocinero habría tapado una milanesa quemada con salsa, jamón y queso para salvarla. Cierto o no, el plato se volvió emblema de bodegón y hoy es tan popular como la milanesa común.


