La milanesa de pollo es la reina de las cenas rápidas y también la más fácil de arruinar: como la pechuga tiene poca grasa, se seca en segundos y queda con gusto a empanado y nada más. El secreto no es el rebozado — es condimentar el huevo, no el pan rallado, y no pasarse de cocción.
Esta versión usa panko para un crocante más aireado y Mezcla para Provenzal en el huevo, que resuelve ajo y hierbas en un solo paso. El pollo pide una base de sabor más clara y directa que la carne.
La milanesa llegó con la inmigración italiana de fines del siglo XIX como cotoletta de ternera, y la Argentina la hizo propia con la carne vacuna. La de pollo es más reciente: se volvió un clásico diario cuando la pechuga se popularizó como opción más liviana y económica. Hoy convive de igual a igual con la de carne en cada mesa, vianda y rotisería del país.


