Crecer sin prisa ni pausa. Desde 1904.
Pimentón era el apellido
Antes de Antonio, el pimentón ya era de los Flores. En Espinardo, Murcia, la familia llevaba generaciones en el oficio. Pero a fines del siglo XIX, Antonio tomó una decisión que no tenía vuelta: cruzar el Atlántico y empezar de cero. En Buenos Aires fue panadero hasta que pudo abrir lo suyo: El Cantábrico, un almacén en Tacuarí 2010.
Entonces llegó el acuerdo entre hermanos: Juan volvería a Espinardo a levantar un molino, y desde ahí le mandaría el producto. En la trastienda de Tacuarí, la mujer de Antonio fraccionaba el pimentón a mano. Antonio salía a venderlo por las calles de La Boca. Al cerrar el primer balance, el número que quedó fue 51. Así se llamó la marca.
La historia del pimentón murciano y el apellido Flores está en la Enciclopedia del Sabor.
En 1936 el barco dejó de llegar
Durante 32 años, el pimentón cruzó el Atlántico desde el molino de Juan sin interrupción. Después estalló la Guerra Civil Española. Un día llegó el último barco. Al siguiente, no llegó nada. Antonio tenía más de 60 años. Podrían haber cerrado. En cambio, viajaron al norte argentino — Salta, Catamarca — y montaron molinos propios en Uspallata.
Al pimentón se le fueron sumando otras especias. Dejó de ser Pimentón 51. Empezó a ser Especias 51.
"Se viajó al norte, se pensó en adquirir una finca que comercialmente hubiera sido un gran negocio — pero llegamos a dos conclusiones: hay que estar en la planta, controlando la producción... y en segundo lugar, llegar a consumir obligatoriamente lo que nosotros mismos producíamos, fuera bueno o malo. Optamos por comprar a productores."
— Enrique Antonio Flores (h)
Cinco generaciones en la misma calle
Cada generación tuvo que resolver algo que la anterior no vio venir. La tercera apostó por envases de celofán transparente. Por primera vez, el cliente podía ver el pimentón antes de abrirlo. Adentro de la casa le llamaron «La Revolución Pacífica.»
En los 80 intentaron hacer café. No funcionó. Volvieron a las especias. En el 82, durante Malvinas, donaron pimentón para los soldados del sur.
La cuarta generación profesionalizó lo que las anteriores habían construido a mano, sin desarmar lo que lo hacía funcionar. La quinta se está integrando ahora. Ciento veinte años después del primer balance, el pimentón sigue saliendo de Tacuarí 2010.
"Con seriedad y profesionalismo se puede competir en estos tiempos tan exigentes."
— Alejandro Antonio Flores, cuarta generación
Envases a través de los años
Mucho ha cambiado desde entonces, pero hay dos cosas que son constantes.
La primera es la filosofía de la empresa, respetuosa del espíritu impuesto por nuestro fundador y que se basa en crecer sin prisa ni pausa, ofreciendo calidad y servicio, con un respeto casi sacramental por el valor de la marca.
La segunda es el Banco de la Paciencia: allí se sentaron los primeros clientes y proveedores de mi abuelo. Nosotros conservamos ese banco y solo le agregamos una placa que pretende ser un homenaje a la visión y esfuerzo inicial del fundador.
— Enrique Antonio Flores (h), nieto del fundador.
Crecer sin prisa ni pausa. Desde 1904.